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Disfunción eréctil y ansiedad

  • Foto del escritor: Richard Vergara Gutierrez
    Richard Vergara Gutierrez
  • 27 may
  • 3 min de lectura

Actualizado: 27 may


Muchas personas comienzan a preocuparse después de uno o dos episodios en donde han tenido dificultades con las erecciones. A veces ocurre solo en un momento específico, durante períodos de estrés, cansancio extremo o con ciertas parejas. Sin embargo, incluso una experiencia aislada puede transformarse rápidamente en una fuente importante de inseguridad, presión y ansiedad anticipatoria.

Uno de los errores más frecuentes (y totalmente entendible ante la desinformación) es pensar inmediatamente que existe un problema físico grave o permanente. Aunque siempre es importante considerar evaluación médica cuando corresponde, hoy sabemos que factores psicológicos y emocionales también pueden influir significativamente en la respuesta sexual. Muchos de mis consultantes vienen a una primera sesión derivados por un urólogo, quien después de hacer algunos exámenes y la típica pregunta clave -¿tienes erecciones por las mañanas?-, les ha recomendado visitar un sexólogo.

Muchas veces una erección puede ocurrir de manera automática, como un reflejo, pero también puede verse influida por distintos procesos psicológicos y emocionales. La ansiedad, la presión, el miedo al fracaso, la autoobservación constante o las preocupaciones durante el encuentro sexual pueden interferir significativamente en la respuesta eréctil.

La ansiedad puede entenderse como un estado de alerta física y mental. Cuando el cerebro percibe presión, amenaza o miedo, el cuerpo tiende a enfocarse más en vigilar, controlar y anticipar problemas que en disfrutar espontáneamente la experiencia sexual. Como todo esto ocurre y se mantiene desde la actividad mental, hablamos de disfunción eréctil ¨psicógena¨.

En algunas personas esto aparece como miedo a “fallar” sexualmente. En otras, como preocupación por satisfacer a la pareja, mantener la erección, durar suficiente tiempo en el acto o evitar que vuelva a ocurrir una experiencia incómoda previa. Muchas veces la atención comienza a desplazarse desde el disfrute hacia el monitoreo constante del propio desempeño.

No siempre se trata de “ansiedad de rendimiento” a secas. Bajo este alero amplio, se sitúan emociones y pensamientos muy difíciles y dolorosas de sobrellevar, como el temor a decepcionar emocionalmente a la pareja, vergüenza, inseguridad corporal, presión por cumplir ciertas expectativas sexuales o dificultad para desconectarse del estrés cotidiano. La sexualidad es, básicamente, sensible a todo. Sí, a todo.

Y mientras más vigilancia aparece, más difícil suele volverse la respuesta sexual.

Con el tiempo, algunas personas entran en un círculo de autoobservación y presión interna donde cada encuentro sexual comienza a sentirse como una prueba en la que hay que ¨rendir bien¨. Esto puede aumentar todavía más la ansiedad y favorecer nuevas dificultades eréctiles, incluso cuando existe deseo sexual y atracción hacia la pareja. La disfunción eréctil asociada a ansiedad no necesariamente implica falta de deseo, conflictos relacionales, ni menos, un problema irreversible. En la mayoría de los casos el problema se mantiene precisamente por el miedo, la anticipación y la necesidad de controlar lo que ocurre.


No importa si ocurrió una vez o si se ha repetido en distintas ocasiones: si esta situación te genera ansiedad, inseguridad, evitación o sufrimiento, es motivo suficiente para pedir ayuda y abordarlo en un espacio terapéutico.

La terapia sexual puede ayudarte a comprender los factores involucrados en el problema, disminuir la presión asociada al desempeño y recuperar gradualmente una experiencia sexual más espontánea, segura y conectada con el placer. Ya sea que tengas una relación estable o no, existen alternativas efectivas de tratamiento que te pueden ofrecer una vía progresiva y personalizada hacia el mejoramiento de tu calidad de vida.

Estaré encantado de poder ayudarte, solo escríbeme.

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